El ad fraud programático se cuela por revendedores no autorizados en la cadena de suministro, drenando presupuesto sin que el anunciante lo note. Ads.txt y sellers.json son los estándares que exponen quién vende realmente tu inventario y permiten auditar, publisher a publisher, cada euro invertido en programática.

La mayoría de los brief de programática hablan de audiencias, de pujas y de formatos. Casi ninguno habla de quién revende realmente tu inventario antes de que tu anuncio llegue a la pantalla. Ads.txt y sellers.json son los dos ficheros que responden a esa pregunta, y son la diferencia entre invertir en programática con trazabilidad o invertir a ciegas.
El problema no es nuevo, pero sigue infravalorado en muchas cuentas: entre el anunciante y el editor hay una cadena de intermediarios —SSPs, exchanges, resellers— que en teoría existe para optimizar el acceso al inventario, y en la práctica también es el hueco perfecto para el domain spoofing, el inventario no autorizado y el ad fraud. Cuando nadie audita esa cadena, una parte del presupuesto programático se queda pagando comisiones a intermediarios que ni siquiera deberían estar ahí. La buena noticia es que el propio ecosistema ya ofrece las herramientas para verificarlo; la mala es que casi nadie las revisa con la disciplina que merecen.
Ads.txt (Authorized Digital Sellers) es un fichero de texto público que un editor publica en su dominio, listando qué SSPs y exchanges están autorizados a vender su inventario. Sellers.json es el complemento: un fichero que cada SSP publica indicando quiénes son sus vendedores, si operan en modo directo o intermediario, y con qué identificador. Juntos forman el estándar SupplyChain (schain), que permite reconstruir, puja a puja, el camino completo entre el editor y el DSP.
La confusión habitual es tratarlos como sinónimos o como una casilla de compliance que se revisa una vez y se olvida. No lo son. Ads.txt protege al editor de que le vendan sin permiso; sellers.json protege al comprador, porque expone si el "vendedor" en la puja es quien dice ser o un intermediario no declarado. Sin los dos ficheros cruzados, cualquier auditoría de supply path queda incompleta.
En cuentas que nunca han pasado por una auditoría de supply path, es habitual encontrar patrones como estos:
Ninguno de estos patrones aparece en un dashboard de ROAS. Se detectan auditando la cadena de suministro directamente, dominio a dominio, algo que la mayoría de los equipos de paid media nunca llega a hacer porque no forma parte del reporting estándar de la plataforma.
El ad fraud programático no suele parecer fraude: parece un CPM ligeramente más barato en un intermediario que nadie se ha molestado en verificar.
Una auditoría de supply path optimization (SPO) no requiere herramientas exóticas, requiere disciplina. El proceso básico: extraer los dominios donde realmente se está comprando (no solo los que declara el plan de medios), cruzar cada uno contra su ads.txt público, y verificar en sellers.json de cada SSP si la relación declarada es directa o de reventa. Cuando el porcentaje de reventa no declarada supera un umbral razonable —en la práctica, cualquier cifra por encima de un dígito bajo debería encender una alerta—, es momento de renegociar las rutas de compra o directamente excluir esos paths.
Esto no es un ejercicio puntual. La cadena de suministro cambia: nuevos SSPs aparecen, editores rotan sus partners autorizados, y lo que ayer era una ruta limpia hoy puede tener un intermediario adicional. Integrar esta verificación en el ciclo trimestral de optimización, junto con las exclusiones de placement y el brand safety, es lo que separa una estrategia programática madura de una que simplemente confía en que la plataforma ya se encarga de todo.
Es tentador enmarcar ads.txt y sellers.json como un asunto de seguridad de marca o de cumplimiento normativo, y en el contexto europeo —con la presión regulatoria del RGPD y ePrivacy sobre toda la cadena de tracking— sin duda lo son. Pero el argumento más sólido es puramente financiero: cada intermediario no autorizado que se elimina de la ruta de compra es presupuesto que vuelve a comprar impresiones reales, en inventario verificado, con atribución limpia. En cuentas con volumen relevante, ese ajuste puede representar una mejora de eficiencia de doble dígito sin tocar ni la puja ni la creatividad.
En Latitude Media no tratamos la programática como un canal de "configurar y olvidar". La incrementalidad real no se construye solo optimizando audiencias y pujas: se construye asegurando que cada euro invertido llega a un inventario verificable, dentro de una cadena de suministro auditada y con datos que soportan decisiones, no suposiciones. Ahí es donde el performance medible empieza de verdad.